Palacio del Infante Don Luis de Borbón

Día a día en el palacio

Para la nobleza, del siglo XVIII la vida diaria solía estar pautada. En la Corte, el almuerzo era público y con autoridades, heredado del boato de Versalles, pero nuestro infante en su vida diaria gusta poco de las ceremonias propias de la Corte. Vestía de forma modesta y sencilla, rasgo probablemente heredado de su carácter. Al despertar se aseaba, vestía y rezaba. Tras el desayuno escuchaba misa y después atendía los asuntos pendientes en el despacho. También recibía diariamente a su confesor. En la Corte, Carlos III instauró que la familia almorzara junta, probablemente esta costumbre también la mantuvo el infante en Arenas de San Pedro. Después del almuerzo, en verano se dormía la siesta para evitar la actividad en las horas de más calor. Pero el resto del año, era el momento de salir a cazar; actividad de la que gozaba el infante a diario, salvo que problemas de salud se lo impidieran. La caza era uno de los pasatiempos favoritos de Don Luis y una de las razones por las que eligió Arenas para su retiro. Este dato es compartido por Goya en la correspondencia con su amigo Zapater, el propio pintor acompaña al infante en varias ocasiones a cazar durante sus estancias en Arenas. Tras la caza, aún le quedaba tiempo en el día para disfrutar de sus otras aficiones: La música, de la que también disfrutaba a diario interpretada por su orquesta formada por grandes artistas de la época como Luigi Boccherini, la familia Font, Francisco Landini y Francisco Courcelle. Y el coleccionismo. El Infante poseía una biblioteca con más de 4.500 títulos y otros manuscritos. También disponía de una colección de medallas única en Europa, estampas, máquinas y aparatos, un gabinete de Historia Natural y una pinacoteca que llega a recoger más de 5.600 piezas, siendo el mecenas de grandes pintores de su época, como Sasso, Mengs o Goya.