Palacio del Infante Don Luis de Borbón
Nos encontramos en la planta baja del edificio, por detrás de la escalera monumental y dando a la pared norte a ambos lados del comedor se sitúan la cocina y la repostería con puertas al chaflán respectivamente. Todas ellas se encontraban a continuación de la bodega lo que demuestra que el arquitecto, Ventura Rodríguez conjugó lo estético con lo práctico. Concentrando en una misma zona las salas reservadas al servicio. El hecho de que tengan orientación norte tampoco es casualidad, se buscaba el frescor exterior y de los muros de gran grosor para la conservación de los alimentos. Es en ese lugar donde Manuel Arias, jefe de cocina del Infante, desplegaba sus dotes acompañadas de los mejores productos de la zona, muchos procedentes de los propios cultivos que poseía D. Luis en Arenas y Ramacastañas. Estas salas estarían equipadas con toda la utilería necesaria para las diferentes elaboraciones que se realizaban, desde chocolateras, moldes o cazos de cobre o la heladera para los mantecados de las meriendas de verano. Tendría diferentes mesas de trabajo para cortar las carnes. En la actualidad, según entramos, podemos presumir a la izquierda de su gran campana, totalmente conservada junto a su horno original. Los suelos de piedra granítica cuentan con una reguera canalizada que favorecía la limpieza de la sala y al fondo a la derecha los fregaderos. Es una sala que posteriormente ha vivido diferentes usos, entre ellos el de trastero y el de cuadra; como atestiguan las argollas ancladas a los fregaderos una vez convertidos en pesebres. Probablemente, el que no faltaría en ambas épocas sería el gato, colaborador muy valioso para mantener a los roedores y otros animalillos apartados de los alimentos que allí se guardaban.
