
Castillo de la Triste Condesa

Castillo de la Triste Condesa
Nace en el año 1432, Hija de Don Álvaro de Luna y Doña Juana de Pimentel Se casó con el II duque del Infantado y Conde de Saldaña, Íñigo López de Mendoza en 1460 en el interior de este castillo en el que nos encontramos. Dicho matrimonio está cubierto de una leyenda propia de las novelas de caballería y amor romántico. Cuenta la leyenda que, en una oscura noche de la primavera de 1460, Iñigo López de Mendoza, II Duque del Infantado, llegó de incognito a esta villa con una única idea en su mente. Al llegar hasta los lienzos del castillo y para no levantar sospecha de quienes pudieran verle entrar. Decidió trepar los muros del castillo por la parte del río que era la menos vigilada, tras su ayo, Martín de Herrada, quien era el encargado de abrirle camino. Cuando llegó a la capilla castrense del castillo, solo tres personas esperaban su presencia, el capellán, Doña Juana de Pimentel y la que a partir de esa noche sería su esposa, Doña María de Luna. El matrimonio fue bendecido y los esposos hicieron vida de casados. Tras el matrimonio, que no contaba con el visto bueno del rey Enrique IV, quien quería casar a Doña María con su maestre Pacheco, Doña Juana informa a Enrique y lo hace con cierta retranca: “Que su hija había casado con el conde de Saldaña, hacía vida maridable y estaba preñada. Que creía que estando de esta manera el maestre López Pacheco no la querría para su hijo” Su hijo Diego Hurtado de Mendoza y Luna, apodado “el grande”, III duque del Infantado, nació en este castillo el 11 de marzo de 1461, a lo largo de su vida fue un gran guerrero, que participó en la conquista de Granada y fue distinguido por el rey Carlos I con la Orden del Toisón de Oro.