Palacio del Infante Don Luis de Borbón
Francisco de Goya y Lucientes, nace en Fuendetodos en 1746. Es hijo de un dorador y desde su más tierna infancia muestra sus inclinaciones artísticas. Tiene inicios modestos y viaja a Italia por sus propios medios para formarse. A su vuelta y de forma progresiva le van saliendo diferentes contratos y adaptándose al gusto de los mecenas empieza a ganar dinero. Mengs, le llama a la corte para pintar cartones para los tapices de la Real Fábrica de Santa Bárbara. En 1778 se granjea el apoyo de secretario de Estado, el conde de Floridablanca y del secretario de la Academia de San Fernando, Antonio Ponz. Dos años más tarde es reconocido como académico de mérito en dicha academia y comienza una etapa llena de actividad como retratista de la más alta aristocracia. Es en esa época cuando conoce al Infante D. Luis de Borbón y es invitado por él a su palacio de Arenas de San Pedro para retratar a su familia. Goya le visita en dos ocasiones, durante los veranos de 1783 y 1784. En ese tiempo no sólo se dedica a pintar, también acompaña al infante de caza o visita el palacio, por placer con invitación expresa de la pareja, junto a su mujer embarazada de 8 meses quien recibe una bata de plata y oro como regalo. En el tiempo que Goya permanece con la familia realiza 16 retratos, 6 de los cuales están representados en copias a tamaño real en la sala donde nos encontramos y en el saloncito del té: * Los retratos del Infante Don Luis y de María Teresa de perfil que presiden la sala. * El de la esposa a caballo a día de hoy en la Galería de los Uffizi en Florencia. * El de su hija María Teresa con la Sierra de Gredos de fondo, actualmente en la National Gallery de Washington. * El de su hijo Luis María en el Gabinete rodeado de mapas, que se conserva en el Museo de Zaragoza. * El de toda la familia que se encuentra en la Fundación Magnani Rocca de Parma. Este último es el primer retrato familiar que pinta Goya y dota a la obra de un aire de intimidad. El infante aparece de perfil jugando a las cartas. Su mujer de frente al espectador mientras la peinan resalta con sus tonos claros y constituye un eje simétrico en la pieza. Aparecen sus hijos y varios sirvientes que son un gran foco de especulación entre los expertos, ya que no se ponen de acuerdo con la identidad de todos ellos. La luz parece nacer de una vela y el artista se autorretrata en una esquina acomodado en un pequeño escabel mientras trabaja en un lienzo. Presenta cierta frontalidad, no hay espacio ente los personajes y esto la convierte en una composición atípica en el conjunto de la pintura española. * En el saloncito del té, está el cuadro de María Teresa en el Pórtico de entrada con Gredos al fondo.
