Don Luis Antonio Jaime de Borbón y Farnesio, nace el 25 de julio de 1.727 en el Palacio del Buen Retiro de Madrid. Es hijo del Rey Felipe V y su segunda esposa la Reina consorte, Isabel de Farnesio y hermano de dos reyes de España, Carlos III y Fernando VI. Desde su infancia muestra un carácter tímido y reservado, sus primeros años de vida, como es costumbre en la Casa Real Española, los pasa al cuidado de las mujeres de la corte y es a partir de los 7 años cuando su educación pasa a depender de los hombres de su cámara, especialmente de su ayo, y hombre de confianza de la Reina, el marqués Aníval Scotti. En esos años es instruido en las artes y las ciencias que todo infante de España debe saber: geografía, historia, religión, música, dibujo, francés, italiano, castellano, … Como era costumbre con los hijos menores en la Europa de la época, sus padres le encaminaron hacia la carrera eclesiástica, solicitando para él las encomiendas de cuatro órdenes militares y el hábito de Santiago, así como el Arzobispado de Toledo, al que accede con tan solo 8 años y más tarde el de Sevilla. Lo que le reportará un alto estatus social y cuantiosos beneficios económicos. Todos ellos administrados en nombre del infante hasta su mayoría de edad. En 1746 el rey fallece y su hijo, Fernando VI, recibe la corona. D. Luís, no sentía vocación religiosa a pesar de sus cargos y prefiere disfrutar de sus aficiones como la caza o el coleccionismo. Con 27 años renuncia a su carrera eclesiástica alegando que “tan altas dignidades le imponen obligaciones que su temperamento le impide cumplir y su conciencia tampoco le permite ocultar hipócritamente las faltas que cometiese” Durante esos años, sus escarceos amorosos se hacen más visibles. Y pasa los días entre Aranjuez, Madrid y Villaviciosa donde acompaña a su hermano el rey hasta su muerte en 1759. En ese momento, su hermano, Carlos III es nombrado Rey de España y regresa de Italia donde ha permanecido los últimos 30 años. Carlos, dispensa un cariño fraternal a su hermano con quien comparte su gusto por la caza, el arte y la conversación. Durante esos años el Infante aumenta su patrimonio personal y compra la Villa de Boadilla del Monte y el Estado de Chinchón y muestra sus intenciones de casarse. Aunque apreciaba a su hermano, Carlos III, es reacio a que el infante tome esposa, debido a sus propios intereses personales. En España, la Ley Sálica establecía que la Corona española sería heredada por infantes nacidos y criados en España. Los hijos del rey, nacidos en Italia, no podrían acceder al trono mientras que sí lo harían los hijos de D. Luis. El infante, ante la oposición del monarca para que tome esposa, tiene numerosas amantes y finalmente se contagia de una enfermedad venérea, lo que se convierte en un escándalo público. Vuelve a solicitar permiso para contraer matrimonio y el Rey, esta vez encuentra la manera de satisfacer los deseos de su hermano y sus propias aspiraciones promulgando la Pragmática Sanción de 1776, que impide a los hijos de un matrimonio desigual heredar apellido, títulos y honores de su ascendiente de mayor rango. Don Luis, sumiso, acata los deseos de su hermano y renuncia a toda una serie de prerrogativas casándose con María Teresa de Vallabriga y Rozas el 24 de abril de 1776 en Olías del Rey. De este matrimonio nacen cuatro hijos: Luis María, Antonio María, María Teresa y María Luisa. El matrimonio se deteriora rápidamente ante la disparidad de caracteres de la pareja y empeora aún más con la enfermedad del infante. En el palacio de Arenas de San Pedro, fue su última residencia, y donde mejor desarrolla sus actividades económicas y artísticas, disfruta de la naturaleza y de su afán coleccionista. Él es una de las personas de su tiempo que más se preocupa por las nuevas formas de agricultura y ganadería a través de experimentaciones en la mejora de los cultivos y de las razas de animales. En Arenas llega a tener explotaciones agropecuarias mixtas con una organización moderna y programada. Muere el 7 de agosto de 1785 y su cuerpo es depositado en la Capilla Real del Convento de San Pedro de Alcántara, donde permanece hasta que su sobrino el rey, Carlos IV ordena su traslado al Panteón de los Infantes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial en 1800.