Palacio del Infante Don Luis de Borbón
Soy María Teresa de Vallabriga y Rozas, mujer del infante de España Don Luis Antonio de Borbón y Farnesio, me casé con mi marido en matrimonio morganático por el miedo de mi cuñado el Rey Carlos III a que fueran los hijos de su hermano y no los suyos los que ocuparan el trono de España. Para poder casarnos tuvimos que renunciar a muchas cosas, tuvimos que abandonar la Corte donde no se nos permitía acercarnos ni a mí, ni a mis hijos, casarnos solos, sin miembros de la Familia Real que atestiguaran nuestra unión, renunciar a todo tipo de honores y distinciones, al apellido Borbón y residir a más de 20 leguas de la Corte. Así, tras nuestro matrimonio empezó un peregrinar por diferentes lugares cada vez más alejados de Madrid. Cadalso de los vidrios, Velada y finalmente llegamos aquí, a Arenas de San Pedro, donde mi marido quiso construir una casa digna de nuestra vida y condición. Pero la vida en el palacio me resultaba monótona y aburrida. Levantarse, vestirse, desayunar, ir a misa y después dedicarme a las labores propias de las mujeres en el hogar: la crianza de los hijos prestando especial atención a su educación y la economía doméstica, encargándome de la dirección de la servidumbre. En la Corte para las mujeres, todo eran las actividades benéficas y educativas, vida social y eventos. Pero aquí…mis aficiones quedaban relegadas a paseos a pie o a caballo, lectura, bordado, saberes ornamentales, música, y una vida familiar y discreta. Las tertulias y principalmente las veladas musicales eran nuestros pasatiempos habituales ya que gracias al mecenazgo de mi marido teníamos nuestra propia orquesta y con grandes músicos. Me gustaba recibir visitas de familiares y amigos que permanecían con nosotros durante semanas o meses y nos mantenían informados de todos los acontecimientos de la sociedad, aunque también era un recordatorio constante de nuestra situación, desterrados de la Corte. En este salón podéis disfrutar de una recreación de como eran nuestras salas y comunicadores en los años en que vivimos aquí. A pesar de todo el sufrimiento, siempre guardé en mi memoria un bonito recuerdo de Arenas de San Pedro y los años aquí vividos, donde pude disfrutar de la vida sencilla, de la crianza de mis hijos, de la música, del arte y de la naturaleza.
