Esculturas

Dulcinea

José Antonio González López-Arza2015

Escultura de bronce de tamaño natural que representa a una mujer de pie con los brazos en jarras, es decir, con las manos apoyadas en las caderas en actitud resuelta y segura. Viste falda larga con volantes bordados, delantal anudado a la cintura y un chal cruzado sobre el pecho. El pelo lo lleva recogido y la expresión del rostro es seria y directa. El bronce tiene ese color dorado oscuro típico del metal envejecido, con algunos toques verdosos en los pliegues más profundos de la ropa.

Me llaman Dulcinea, y aquí me alzo a espaldas del Ayuntamiento, convertida en escultura desde 2015 por José Antonio González López-Arza. Mi presencia en el espacio público forma parte del museo al aire libre de la ciudad y también de un homenaje: a la mujer manchega, a la literatura y a la memoria de El Quijote.

Fui sueño, nombre inventado y dama ideal. Nunca necesité existir del todo para ser eterna. Don Quijote me vio como señora principal, aunque el mundo tuviera otra versión de mí. Y ahí reside mi fuerza: en representar aquello que la imaginación eleva y transforma.

La ciudad quiso situarme aquí como símbolo cultural y turístico, pero también como figura femenina dentro del universo cervantino. No soy solo personaje: soy espejo de una tierra, de una identidad y de una forma de ser evocada.

Dicen que don Quijote me consagró sus hazañas sin que yo se las pidiera. Tal vez por eso sigo aquí, silenciosa y firme, recordando que a veces basta con ser nombrada para no desaparecer jamás.