Arquitectura Civil

Palacio de la Diputación

1889-1893

Edificio de dos plantas con fachada muy larga que combina piedra color crema y ladrillo rojo. En el centro destaca una entrada con puerta de madera oscura, columnas y un remate decorado con un escudo; sobre él ondean varias banderas. Los extremos del edificio rematan en dos torres redondeadas con cúpulas grises de pizarra. Las ventanas de la planta baja tienen forma de arco y rejas de hierro, mientras que las del piso superior son rectangulares con balcones de barandilla.

Ante ustedes se alza uno de los edificios más imponentes de la ciudad, una joya de la arquitectura civil de finales del siglo XIX que nos transporta a una época de esplendor constructivo. Santiago Rebollar, su arquitecto, culminó esta obra maestra en 1892, creando un edificio que dialoga con la tradición clásica desde una mirada moderna.

Observen cómo el edificio presenta tres fachadas completamente diferentes, cada una con su propia personalidad. La principal, coronada por el escudo de la ciudad, marca la entrada con solemnidad institucional. Pero es la fachada de la Merced la que verdaderamente sorprende, con su elegante tribuna sostenida por columnas jónicas que culminan en un frontón triangular, un guiño directo al lenguaje clásico griego.

Los materiales hablan por sí solos: la piedra caliza aporta nobleza y permanencia, mientras el ladrillo visto añade calidez y textura, creando un juego cromático que define el carácter del edificio.

En el interior, la escalera principal se despliega como una auténtica escenografía arquitectónica. Sus dos rampas convergen bajo una cúpula que Ángel Andrade y Samuel Luna decoraron con maestría, transformando un espacio de circulación en una experiencia visual memorable.

Un edificio que demuestra cómo la arquitectura del siglo XIX sabía combinar funcionalidad y belleza sin renunciar a ninguna de las dos.

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