Arquitectura Religiosa

Catedral de Santa María del Prado: exterior

Comienzo en s. XII, finalizada en s. XV

Gran edificio religioso construido en piedra de color crema claro, con muros muy gruesos y robustos contrafuertes —bloques salientes que refuerzan la pared— en la fachada principal. En el centro se aprecia una ventana circular con tracería, es decir, una rueda de piedra calada con formas decorativas, y abajo una puerta de madera protegida por una verja de hierro forjado. A la izquierda se eleva una torre cuadrada que remata en una cúpula decorada con escamas de colores en rojo y verde, coronada por una pequeña linterna con reloj.

Imagínate por un momento que una iglesia pudiera contarte su historia. Esta catedral que tienes ante ti lo haría con la voz de ocho siglos de transformaciones. Lo que comenzó como una pequeña parroquia del siglo trece se ha convertido en la catedral de Ciudad Real, pero su secreto está en que nunca dejó de crecer.

Fíjate en esa torre que se alza sesenta y dos metros sobre nosotros. En realidad, es una torre dentro de otra torre. Cuando el terremoto de Lisboa de 1755 dañó la construcción original, los arquitectos del siglo diecinueve decidieron construir una nueva envolviendo los restos de la antigua. Es como esas muñecas rusas que se abren una dentro de otra.

Si caminas alrededor del edificio, verás que cada fachada cuenta una época diferente. En la fachada poniente, ese rosetón lobulado que parece un encaje de piedra es del siglo trece, hermano gemelo del que puedes ver en la ermita de Alarcos. En la fachada este, esa ventana especial del Camarín permite que la Virgen del Prado quede iluminada toda la noche para quien pase por la calle.

Pero quizás lo más fascinante es pensar que esta catedral es como un libro de arquitectura viviente. Gótico, renacentista, elementos del siglo diecinueve... cada generación añadió su capítulo sin borrar el anterior. Cuando mires esa cúpula de escamas de colores que corona la torre, recuerda que es de 1901, el toque final de una historia que comenzó hace ochocientos años y que sigue escribiéndose.