Puertas y murallas

Puerta de Toledo

Finales XIII - comienzos XIV; finalización documentada en 1328

Puerta de ciudad construida en bloques de piedra de color beige dorado, con forma de gran muro rectangular y macizo de considerable altura. Lo más llamativo es su entrada: un arco de herradura —la forma curva y redondeada típica de la arquitectura árabe— enmarcado a su vez por un arco apuntado más grande, creando un efecto de puerta dentro de puerta. La superficie está formada por bloques de piedra bien encajados, y el conjunto transmite una solidez imponente, como si fuera una pequeña fortaleza.

Estás ante la Puerta de Toledo, el único vestigio completo que se conserva de las ocho puertas que tuvo la muralla medieval de Ciudad Real. Cuando Alfonso Décimo fundó Villa Real en 1255, no se limitó a crear una ciudad: diseñó un proyecto defensivo completo, con una muralla de más de cuatro kilómetros que protegía la nueva villa real.

Esta puerta se construyó en el camino que unía Sevilla con Toledo, de ahí su nombre. Su ubicación al norte de la ciudad no era casual: controlaba una de las rutas comerciales más importantes de la época. Una inscripción conservada en el monumento nos dice que se terminó en 1328, casi setenta años después de la fundación de la ciudad.

Fíjate en su arquitectura: dos torreones flanquean seis arcos de diferentes estilos. Los exteriores son ojivales, los intermedios de herradura y los interiores apuntados. Esta mezcla refleja la inspiración hispanomusulmana de la construcción. Si miras hacia arriba, verás el escudo con los castillos y leones de Castilla, recordándonos que esta era una villa de realengo, bajo protección directa del rey.

Dentro de la puerta, dos tramos con bóveda de arista están separados por el espacio donde funcionaba el rastrillo, ese mecanismo que se bajaba para cerrar el paso en caso de peligro. Durante la restauración de 2013 aparecieron cuatro bustos esculpidos en las claves de las bóvedas, testimonios silenciosos de los artesanos medievales que la construyeron.

De las ocho puertas originales, solo esta permanece en pie. Es como una ventana al tiempo, que nos permite imaginar cómo era entrar en la Ciudad Real medieval, protegida por su muralla y orgullosa de su condición real.

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