Puertas y murallas

Tramo de muralla

1255

Tramo de muralla antigua construida con piedras irregulares de color beige y gris, apiladas sin apenas mortero visible, que forma una pared larga y robusta de unos cinco o seis metros de altura. En el extremo derecho sobresale una torre cuadrada, más alta que el resto del muro, que refuerza la esquina. La parte superior está desgastada e irregular, con piedras que faltan aquí y allá, mostrando el paso del tiempo. Es una construcción maciza y sólida que transmite la sensación de haber protegido una ciudad entera.

Nos encontramos ante el único vestigio que conservamos de una de las murallas medievales más ambiciosas de Castilla. En 1255, el rey Alfonso X el Sabio concibió Villa Real como una ciudad completamente nueva, y para protegerla ordenó construir esta impresionante fortificación.

La muralla que vemos formaba parte de un perímetro defensivo de más de cuatro kilómetros y medio, con forma ovalada que abrazaba toda la ciudad. Imaginen por un momento esta construcción en su época de esplendor: ciento treinta torres se alzaban a intervalos regulares, creando un ritmo arquitectónico que dominaba el paisaje.

Observen la técnica constructiva que tenemos ante nosotros. Los muros combinan tapial y mampostería, una solución práctica y resistente típica de la arquitectura militar castellana del siglo XIII. El tapial, esa mezcla de tierra apisonada entre tablones de madera, permitía levantar grandes lienzos de muralla de forma rápida y económica.

La muralla original contaba con ocho puertas que conectaban la ciudad con los caminos principales: Toledo, Calatrava, La Mata, Granada, Ciruela, Alarcos, Santa María y del Carmen. Cada una de estas aberturas era un punto estratégico, controlado y fortificado.

Este fragmento junto a la Ronda de la Mata es todo lo que el tiempo nos ha dejado de aquella corona de piedra que protegía Villa Real. Un testimonio silencioso de la visión urbanística de Alfonso X.