Arquitectura Religiosa

Iglesia de Santiago: pinturas murales y dragones

Se trata de un conjunto de pinturas murales en el interior de una iglesia de piedra. En el techo, desde el centro de la bóveda, irradian hacia fuera varios dragones pintados en rojo y azul grisáceo, con cabezas escamosas de bocas abiertas y cuerpos que se enrollan en espiral; en el centro de esa rueda de criaturas hay un escudo. En la pared, una escena con varios personajes vestidos con ropas medievales en tonos rojos y verdes representa momentos de la Pasión de Cristo, con figuras que rezan, portan lanzas y una cruz, todo pintado con colores apagados por el paso del tiempo.

Imagina por un momento que estás en una iglesia del siglo XV y de repente las paredes empiezan a hablar. Eso es exactamente lo que pasó aquí hace unas décadas, cuando los restauradores quitaron capas de cal y descubrieron uno de los conjuntos pictóricos más sorprendentes de la provincia.

Lo que tienes delante no es casualidad. En la nave de la Epístola puedes ver escenas de la Pasión de Cristo que forman parte de un relato mucho más amplio, casi todo perdido. Son pinturas que se sitúan justo en ese momento fascinante de la historia del arte: cuando el mundo medieval se despedía y llegaba el Renacimiento. Fíjate en cómo los artistas combinan la expresividad gótica con una nueva forma de entender el espacio y las figuras.

Pero hay algo aún más llamativo. Si observas los nervios de las bóvedas, verás unos dragones pintados en azul y rojo que parecen emerger directamente de las claves decoradas con escudos. No están ahí solo para decorar. En la mentalidad de la época, estos dragones actuaban como guardianes, como una especie de amuleto arquitectónico que protegía el espacio sagrado del mal.

Es como si esta iglesia hubiera guardado durante siglos sus secretos más íntimos, esperando el momento perfecto para revelártelos. ¿Qué otras historias crees que podrían estar escondidas bajo estas piedras centenarias?